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donde manda patrón, no manda marinero… ¡y así nos va!

Hoy más que nunca las organizaciones esperan y necesitan de personas, a todos los niveles organizativos, capaces de analizar las situaciones del día a día y con capacidad y valor para tomar decisiones, sin estar en una duda constante y asegurándose que lo decidido se lleva a la práctica. Es más, hoy cuenta más la calidad y puesta en práctica de las decisiones que tomamos que la cantidad y poca aplicabilidad.

Una empresa sin acción y sin capacidad de decisión en sus diferentes niveles organizativos tiene muchas “papeletas” para fracasar. En esta línea, me viene a la cabeza una célebre frase de Peter Drucker (considerado el mayor filósofo de la administración en el siglo XX):

Sin embargo, y aún siendo manifestada la necesidad de contar con personas proactivas por parte de la Dirección de la empresa, en proyectos en los que he tenido oportunidad de participar, he descubierto que es bastante habitual que las personas manifiesten falta de libertad para proponer, sugerir, y actuar por iniciativa propia.

En muchas ocasiones es la propia estructura organizativa la que limita a las personas a “tirar del carro”, y sin darse cuenta se conforman estructuras jerárquicas en las que no se permite a líderes naturales asumir responsabilidades clave en la toma de decisiones.

Tomar decisiones es algo innato en la actividad de las personas, muchas son decisiones simples, cotidianas, que se dan con la propia rutina. Otras requieren de más tiempo y otras son decisiones únicas que hay que tomar en el momento adecuado. Estas últimas son las que tenemos que potenciar en nuestras organizaciones. Si queremos avanzar y queremos que nuestros equipos avancen con nosotros no podemos hacer que la rueda pare continuamente.

¿Y cómo hacerlo? Es cuestión de experiencia, ir dando el paso a nuestros equipos para tomar la iniciativa y viendo los resultados.

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